miércoles, 7 de enero de 2009

“…Se gestó así una costumbre de hablar a medias tintas, decir con muecas y guiños, disfrazarse y leer entre líneas; y una cultura que se esforzaba en diseminar visiones, profecías y signos malditos. Fue así que se comenzaron a cultivar ídolos, dioses y valores prohibidos, señales de un "mundo del más allá" inaceptable dentro del horizonte simbólico de la cultura dictatorial. Pareció haber una tendencia nacional/natural a la adoración de "lo profano", que fue paulatinamente sacralizándose y dando sustento a la génesis de una colectividad de idólatras…”

"Segundo puesto" - 06'.
Oleo sobre tela.
70 x 50 cm

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